Esta pieza no sigue a una escuela. Está montada capa por capa,
eligiendo en cada una lo que más fuentes comparten y dejando anotado aquí lo que
varía. Donde dos tradiciones discrepan se dice cuál se ha seguido y por qué, en vez
de presentar una como si fuera la única.
La forma del árbol
Los 22 senderos se agrupan como los agrupa el Sefer Yetzirá — 3 letras
madre, 7 dobles y 12 simples — y sobre el dibujo eso se ve solo: las madres son
las 3 horizontales, las dobles las 7 verticales, las simples las
12 diagonales. De ahí salen dos rasgos que el árbol difundido por el
ocultismo inglés no tiene: los cruces Chokmah–Geburah y Binah–Chesed,
que se cortan en el lugar de Daat, y un Malkuth al que llega un solo sendero
— todo alcanza el mundo por Yesod. Tiphareth queda con ocho, la más conectada.
Lo que lleva cada sendero
La letra, aquello sobre lo que reina, su parte del cuerpo y su tramo del tiempo
salen del Sefer Yetzirá en la misma recensión de la que sale la forma del
árbol. De ahí vienen también los 3 elementos en las madres, los 7
planetas en las dobles y los 12 signos en las simples.
Los planetas son el punto delicado: las recensiones antiguas del texto
los ordenan de tres maneras distintas. Aquí se usa el orden en que coinciden las
tres más antiguas —corta, larga y de Saadia— que es Bet–Saturno, Guímel–Júpiter,
Dálet–Marte, Kaf–Sol, Pei–Venus, Resh–Mercurio, Tav–Luna. La edición del Gra los
reordena, y el ocultismo inglés otra vez de otro modo. Se sigue la regla de la
pieza: manda lo que coincide entre los testimonios más viejos. Los doce
signos, en cambio, son estables en todas.
Lo que lleva cada esfera
La lectura es psicológica: las sefirot como dimensiones de la psique, cada
una con su virtud y su klipá. Es como se enseña hoy la cábala en el ámbito
hispanohablante; la pieza lo dice con sus propias palabras en lugar de citar a nadie
dentro del árbol.
Sobre la klipá
Klipá (קליפה) es «cáscara», y el concepto sí es de la cábala hebrea: el
Zóhar llama así a lo que encubre y aprisiona la luz, y la cábala luriánica lo
explica como los fragmentos de las vasijas que no pudieron contener la luz de
la creación y se rompieron. De ahí la definición que usa esta pieza: la klipá no
es el contrario de la dimensión, es su exceso o su rigidez — la corteza
que tapa su propia luz.
Lo que no se usa aquí es la lista de diez demonios con nombre, uno
enfrentado a cada esfera, y el «árbol de la muerte» invertido que la acompaña: eso
es construcción del ocultismo occidental moderno, no cábala judía, donde las klipot
son fuerzas mucho más abstractas y sin ese censo. Por eso lo que lleva cada esfera
es una descripción de en qué se convierte esa dimensión cuando se corrompe, y
no un nombre propio de demonio.
Los astros de las esferas
Las diez esferas son una escalera de cielos, de fuera adentro: el Primer
Movimiento, el Zodíaco, y luego Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, la
Luna y el mundo de los elementos. Conviene decir qué es y qué no es. Es la
disposición que usa hoy todo árbol publicado, y quedó fijada como tabla en
un tratado del Renacimiento de 1533; su arquitectura —nueve orbes más el
mundo de abajo, diez en total— sí está atestiguada en un comentario judío de
1370, y Binah–Saturno tiene fuentes judías de los siglos XIII y XIV.
Pero no hay una asignación judía única: otras dos de peso reparten los
planetas de otra manera y entre sí tampoco coinciden. Se usa ésta por ser la
legible para cualquiera que se acerque, diciendo aquí de dónde viene, en vez de
presentarla como la tradición.
Lo que sí se ha quitado es la lectura moderna que ponía Neptuno en
Kether y Urano en Chokmah: es del siglo XX, sus propios proponentes discrepan entre
sí, y quien la formuló dejó escrito que la daba por corregible. También se evitan
dos nombres hebreos que circulan con esta tabla y que no se sostienen en hebreo:
son las junturas donde se ve la soldadura latina.
El Tarot
El arcano sigue a la letra, no a la geometría: así el Tarot va montado
sobre el alfabeto, que es el suelo común. La fila es la continental:
Álef con el I y el alfabeto corrido hasta Resh con el XX; El Loco
no lleva número y cuelga de Shin, entre el XX y el XXI; Tav cierra con
el XXI, El Mundo. El ocultismo inglés desplazó esa fila un puesto para empezar
en Álef = 0 El Loco, que es la numeración a la que está acostumbrado casi todo el
mundo, pero no es la de este árbol. Con la continental valen los números tal como
vienen impresos en el mazo: VIII la Justicia y XI la Fuerza.
Tres cosas caen en su sitio solas, y son la mejor prueba de que la combinación
es la correcta: Tav, el único sendero que llega a Malkuth, lleva El Mundo;
Mem, el agua, lleva el XIII, la carta sin nombre; y Shin, el fuego entre
las dos maneras de conocer, lleva El Loco, el que no tiene número. En el tramo
final hay dos maneras de contarlo dentro de la misma escuela: otras versiones
invierten los dos últimos. Los otros veinte coinciden en ambas.
Las imágenes
Tarot de Marsella de Jean Dodal (Lyon, 1701–1715), el más antiguo que se
conserva casi completo. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
El nombre y el cuerpo de cada esfera
El nombre divino de cada sefirá viene de la línea que lo fijó en la propia
cábala hebrea: una obra del siglo XIII organizada en diez puertas, una por esfera, y
el gran compendio del XVI que la recoge. Está además atado a la ley, porque los
siete nombres que no se pueden borrar corresponden a las siete esferas inferiores.
La parte del cuerpo sale de un pasaje del siglo XIV que todavía se recita en
la víspera del sábado. Dos detalles que sorprenden y son los auténticos: ahí
Binah es el corazón —«y con él el corazón entiende»— y Malkuth es la
boca, no los pies. La lectura de los hemisferios cerebrales y la de Malkuth en
los pies son posteriores; la segunda es del ocultismo inglés y aquí no se usa.
Lo consultado
Siete documentos de partida con diagramas del árbol · el Sefer Yetzirá en
su texto primario · la enseñanza contemporánea de la cábala psicológica en español
· una conversación larga sobre cábala y tarot entre dos estudiosos del tema · una
exposición independiente de los 22 arcanos y las 22 letras · una tabla comparada de
las recensiones antiguas del Sefer Yetzirá · el mazo de Dodal.
Revisiones
9 sep 2026 — Contrastadas las 22 letras contra una exposición
independiente: coinciden 20 de 22, incluidos los siete planetas y los doce
signos completos. Difieren sólo los dos últimos (quién lleva El Mundo y quién El
Loco), que es la variante ya anotada arriba.
9 sep 2026 — Los doce signos y las doce facultades, verificados uno a
uno contra el texto primario.
9 sep 2026 — Retiradas del árbol todas las citas de autor: quedan sólo
en esta ficha.
9 sep 2026 — Descartada una capa entera tras comprobarla: la
tabla de arcángeles por sefirá (Metatrón en Kether, Sandalfón en Malkuth…) que
acompaña a casi todo árbol publicado. No es cábala hebrea: se documenta desde un
tratado del Renacimiento cristiano de 1533 y la estandarizó el ocultismo inglés.
Lo que sí es tradicional —los cuatro arcángeles de los campamentos— reparte los
nombres de otro modo. Se deja fuera antes que añadir por la puerta de atrás la capa
que esta pieza quitó.
9 sep 2026 — Cerrada la tríada superior, que llevaba abierta
desde el principio. Neptuno y Urano en las dos esferas de arriba resultaron ser una
lectura del siglo XX, discutida entre sus propios autores y retractada por quien la
propuso. En su lugar se completa la escalera de cielos que ya usaban las otras ocho:
el Primer Movimiento y el Zodíaco, con vocabulario atestiguado en
hebreo real.
9 sep 2026 — Revisada la klipá, que era la capa peor apoyada.
El concepto aguanta y es tradicional. La lista de diez demonios con nombre que
suele acompañarlo resultó ser, otra vez, ocultismo moderno: es la tercera capa
popular seguida —arcángeles, transaturninos y ahora esto— que al comprobarla
aparece fuera de la cábala hebrea. Se mantiene la descripción psicológica y se
deja fuera el censo de demonios.
Lo que sigue abierto
El reparto de los siete planetas entre las esferas. Se usa el legible, pero la
cábala judía ofrece al menos dos escaleras distintas —una del siglo XIV y otra del
XVI— que no coinciden ni con ésta ni entre ellas. No hay una respuesta hecha: hay
que elegir, y aquí queda dicho cuál se eligió.